Pelota vasca
Orígenes del juego de pelota vasca
Características del juego de pelota vasca
Modalidades del juego de pelota vasca
La pelota vasca, hoy (principales innovaciones)
Bibliografía
Orígenes del juego de pelota vasca
El juego de pelota es un deporte, tan antiguo como la
Humanidad misma, que se ha conocido y practicado en todas las civilizaciones.
Hoy se admite como axiomático que en todos los pueblos -¿por qué no en el
vasco?- la utilización de un móvil esférico, elaborado con los materiales más
insospechados (pelos, plumas prensadas, salvado, afrecho, bolas de metal,
piedras, hojas, hilo, lana, semillas de cereales, tripas de gato, vejiga de
animal, cuero, etc.) ha sido una práctica común para la diversión, la distracción,
el ejercicio físico y el desafío personal; se rechaza, en cambio, y con buenos
argumentos, la teoría del aislamiento de nuestro pueblo.
Tiempo ha que la Etnología se ha desembarazado felizmente de
dos prejuicios antagónicos entre sí y tan arbitrario y nocivo el uno como el
otro: el de negar al vasco cualquier patrimonialidad sobre el juego de pelota,
y el de atribuirle la paternidad de su desarrollo integral.
Todo el mundo que acepta el juego de la pelota como un juego
universal -cuya dilatada historia va desde la "Spheristiqué" de los
griegos y la "pila" de los romanos, pasando por la "paume"
de los galos, hasta llegar a la pelota vasca-, reconoce también que el actual
juego vasco de pelota no guarda relación con aquellas descripciones de Homero
en su Odisea, donde nos presenta a Nausíca y a sus hermanos Halio y Ladasmante,
hijos de Alcinoo, rey de los feacios, como consumados jugadores de pelota; ni
tampoco con lo que Apolinar de Sidonia, Obispo de Clermont (472) escribía sobre
el juego de pelota, y menos con lo que, medio siglo antes, describió San
Agustín en su libro Confesiones, donde se conduele de practicar el juego de
pelota y de hacer trampas.
Escribe Resurrección Mª de Azcue:
"Verdad es, que, así como no hay mar, ni siquiera el
Caspio, cuyas aguas no se mezclen con las de otro mar, tampoco hay lengua
vernácula, costumbre o tradición autóctona que pueda jactarse de no haber sido
influida por otras".
Según el compositor lezotarra Tomás Garbizu:
"Los pueblos, son como las olas del mar: entre el ir y
venir de las aguas, queda en la orilla algún recuerdo del otro lado del mar y
entonces se confunden las costumbres de unos y otros pueblos...".
Nos hemos habituado a oír que el juego de pelota es el juego
ancestral de la comunidad vasca, como si, desde tiempo inmemorial, las
vertientes pirenaicas hubieran estado pobladas de frontones y, en ellos,
nuestros antepasados tirando cortadas al "txoko"; pero la realidad
histórica nos obliga a recortar el vuelo de nuestro amor propio nacional.
Pero, como escribe Rafael Ossa:
"...la honestidad de no atribuirnos los orígenes del
juego de pelota, no debe hacernos incurrir en el masoquismo simplista de
desdeñar el derecho a cierta patrimonialidad"
Tiene razón Ossa porque, recogidas las aportaciones de los
griegos, romanos y galos, sin discutir de dónde ni cómo entraron, el juego de
pelota, además de haber sido conservado y practicado como deporte de base en
todos los rincones de nuestra geografía, ha sido transformado, modernizado y
proyectado a todo el mundo como un deporte completo, espectacular, vistoso y
con suficientes dosis de arte como para que no sea reconocido ni por sus
propios creadores.
De un artículo publicado en 1934 por D. Tomás Garbizu, recojo
el siguiente fragmento:
"Con el origen del "zortziko", tenemos la
misma duda que con los de la boina y la pelota vasca, pero se debe aceptar que
en nuestro país han alcanzado una carta de naturaleza tal, que nadie quiere
clasificarlas como prenda alpina y juego griego respectivamente. Los tres elementos
son nuestros porque los hemos hecho vivir, llevan la sabia de nuestro corazón y
los hemos fortalecido en el ambiente de nuestra alma popular, habiéndolos
paseado triunfantes por lejanas tierras y escenarios del mundo culto y
civilizado".
Una de las primeras referencias sobre el juego de pelota
aparece en la obra Pelote Basque, publicada en París por A. Jáuregui (1944)
donde reproduce un párrafo de la obra de Vainsot (siglo XVI) que dice lo
siguiente:
"Durante muchos años el juego de pelota se ha practicado
únicamente con la palma de las manos; como este ejercicio lesiona las manos
cuando se practica de forma continua y brutal, los pelotaris manistas de
nuestros días se protegen cada vez más con guantes y dobles guantes".
En el siglo XVIII, siglo de la Revolución francesa, se
produce el ocaso de la pelota europea; con un enfoque racionalista y científico
del devenir histórico del hombre, en Francia, Italia e Inglaterra se opta por
las costumbres refinadas, se pierde interés por la pelota, y el "jeu de
paume" sufre una decadencia espectacular; en el País Vasco, por el
contrario, el juego de pelota es un modo de vida, una representación escénica
donde se aprecia la estrecha vinculación entre el individuo y la clase social o
gremio al que pertenece.
En 1720, encontramos el primer dato fidedigno sobre pelota
vasca; Juan Ignacio de Iztueta -el zaldibitarra que dedicó sus ocios al estudio
de la historia y costumbres de su país, al que amó como nadie-, en Gipuzcoaco
Dantza gogoangarrien Condaira edo Historia, nos habla de un célebre partido de
pelota jugado en Hernani entre cuatro guipuzcoanos y cuatro navarros
baztaneses. Los navarros, que iban ganando la partida de calle, 6 juegos a 10,
se vieron rebasados por los guipuzcoanos que la ganaron por 11 juegos a 10. En
este valiosísimo documento se narra cómo Rivera, que era el capitán del equipo
guipuzcoano, sacaba hasta la iglesia una pelota de 8 onzas (226,80 gramos),
conocida también como pelota de media libra, que doblaba el peso de las pelotas
utilizadas en la actualidad, cuyo peso jamás excede los 107 gramos.
En la Corografía o descripción general de la M.N. y M.L.
Provincia de Guipúzcoa, el P. Larramendi denuncia la dureza de las pelotas que
se utilizaban en su tiempo. Dice así:
"Rompen uñas y dedos, abren las manos, mancan los brazos
y aún los dislocan, y con estas desgracias y chorreando la sangre... se ha de
acabar la partida".
En 1751, se inaugura la plaza Kalegoen de Elgoibar; en este
espacio, ejemplo de urbanismo barroco vasco, se integran y conviven el
ayuntamiento, símbolo del poder civil, la parroquia, del religioso, y el nuevo
frontón, que representaría al pueblo llano.
En la descripción que sobre la ciudad de San Sebastián hace
en 1761 el padre Joaquín Ordóñez, figura el siguiente párrafo:
"Entre las diversiones más importantes y de mayor
tradición figuran los juegos de pelota a mano y a largo; el juego de pelota es
un modo de vida, una representación escénica donde se aprecia la estrecha
vinculación entre el individuo y la clase social o gremio al que
pertenece".
Si la tradición oral nos aporta numerosos testimonios de gran
valor, más tangibles resultan las estelas funerarias que, con su parte superior
en forma discoidal, fueron encontradas en Garruze y Banka. Dentro de los ritos
funerarios, la costumbre de realizar grabados en las lápidas nos confirma el
lugar de privilegio que en aquella época ocupaban los pelotaris dentro de la
sociedad.
Ignacio Baleztena Azcarate, hermano del famoso pelotari Pello
Mari, describe un partido de pelota en la plaza de Leiza en 1759; los pelotaris
contendientes fueron Armara de Ituren y Juan B. Baztarrika de Huici. Todavía
hoy se conserva en la plaza de Leiza el "botarri" para jugar a
pelota.
En plena Revolución Francesa, surge la figura de Perkain: Juan
Martín Inda, nacido en el Caserío Perkainea del barrio de Zamuke en Aldudes
(Navarra). Es, sin duda, la primera figura histórica y legendaria de la pelota,
un pelotari prodigioso, bajo y grueso según algunos documentos, alto y fuerte,
según otros. Se citan como partidos famosos los que jugó en Louhossoa, Tolosa,
Saint-Palais (Donaphaleu) y Oyarzun. Alternó con Simón el "Estudiante de
Aranaz", Haroztegi, Azanza, Kirutchet y otros. Jugó numerosos partidos
junto a su propio hijo.
El P. Donostia recogió en Iraburua de Sara la melodía Norat
yoaiten zira, cuyo texto, que narra una de las memorables partidas del
celebérrimo pelotari aldudarra, dice así:
- "Norat yoaiten zira, zu, adiskidea?".
- "Donaphaleora dut egungo segida...
urtheño bat
sakelan, bertze baten bilha,
baldin
Laphurtar hoiek yalgitzen badira".
(- "¡A dónde vais amigo?" -"Hoy tengo viaje a
Saint-Palais. Una oncita de oro en la bolsa, en busca de otra... si aparecen
esos labortanos".)
Azanzako semea nik ez dut mendratzen;
Bere parerik ez du pilota botatzen
Bai, bainan Perkain hori etzuen lotsatzen:
Plaza guziarentzat bera aski baizen
(No trato de rebajar al hijo de Azanza; en el saque no tiene
rival. Sí, pero a Perkain no le intimidaba; éste se bastaba para llenar la
plaza.)
Los dos elementos más característicos del juego de pelota
vasca, que no se utilizaban en otros lugares fuera del País Vasco, eran el tipo
de pelota (grande, pesada y tosca), y los guantes, que estaban fabricados con
cuero.
Para la elaboración del "KISKI" (alma elástica o
núcleo de la pelota) se empleaban:
Tripas o intestino de gato
Un prensado de una especie de gelatina que se recogía sobre
la hierba del campo después de la época de lluvias y recibía el nombre de
"moco de cabra"
Una clase de alga marina constituida de fibras gomosas, muy
abundantes en la costa vasca, que los pescadores la denominaban kiskiteko
(kiskia egiteko), para hacer el kiski.
La yesca, conocida como Ixua en la zona de Eibar y Elgoibar,
o Ardagaya en la zona de Tolosa. Se trata de un hongo (Polyporius fomentarius)
que crece sobre algunos árboles (hayedos); para prepararla se mondaba y se
cortaba en tiras que se introducían en agua; luego se golpeaban y amasaban
hasta formar una bola que se secaba y se cubría devanando sobre ella lana de
oveja artile o hilo de lino liñua. Este hongo también se empleó como planta
medicinal para la elaboración de emplastos.
Que en las investigaciones arqueológicas de nuestra
Prehistoria no se hayan encontrado restos que guarden relación con la pelota, no
significa que los vascos no jugaran a pelota, sino que las plantas o partes de
animal empleadas en su elaboración imposibilitaron su conservación.
Fundamentalmente se jugaba a largo, "Jeu de paume" o juego de palma,
al aire y a mano o con la ayuda de un pequeño guante ancho.
Las canchas de juego se ubicaban habitualmente en las plazas
de los pueblos. Dada la irregularidad del terreno de juego, para poder dar
inicio a cada juego, los pelotaris, que competían por equipos situados uno
enfrente del otro, botaban la pelota contra una piedra que se conoce con el
nombre de botarri, sakaharri o botillo.
Se hacían apuestas en las que se cruzaban importantes
cantidades de dinero.
Si entre las diferentes labores de labranza,
"despamplonar" era una palabra que significaba esparcir o arropar los
vástagos de la vid o de otra planta cuando están juntas, en el mundillo de la
pelota se hablaba de mano despamplonada para referirse a la mano del pelotari
que, dada la crudeza del juego, se encontraba dislocada, luxada, descoyuntada o
desgobernada.
En la América precolombina, los pueblos maya y azteca
fabricaban las pelotas para el juego con caucho que obtenían calentando el
látex- resina blanca y lechosa que fluía del árbol del caucho- hasta
coagularlo. El embajador francés Charles de Condamine fue quien, a comienzos
del siglo XVIII, trajo el látex por primera vez a Europa.
A finales del siglo XVIII, para la elaboración del alma
elástica de la pelota, los vascos tuvieron la idea de sustituir las tripas de
gato por el caucho.
En el juego clásico de la época, los jugadores se situaban
cara a cara, unos frente a otros, en campos opuestos y separados por una red;
pero los enormes botes del nuevo material provocaban serias dificultadas para
el desarrollo del juego, que se fueron superando con la modificación y
adecuación a la nueva pelota de las herramientas existentes, la creación de
otras nuevas y, sobre todo, con la feliz idea de empezar a lanzar la pelota
contra una pared, forma de juego conocida como "blé". Si con las
pelotas utilizadas hasta entonces, de poco bote, lentas y con poca salida del
frontis el "blé" parecía más un juego de niños que un deporte, su
popularidad acrecentó con la aplicación del caucho en la elaboración del núcleo
de la pelota que, al aumentar su elasticidad, le imprimía una mayor velocidad,
potencia y espectacularidad.
El historiador tolosarra Pablo de Gorosabel, en su libro
Noticia de las cosas memorables de Guipúzcoa o descripción de la provincia y de
sus habitantes dedica un apartado a los juegos, diversiones y fiestas. Admite
que el juego más popular es la pelota y describe una por una las cuatro modalidades
más conocidas: El juego a largo, el rebote, el blé y el trinquete. El juego a
largo es el descrito con un mayor detenimiento. Explica cómo todos los
jugadores se calzaban en la mano derecha un guante de suela cóncava que, a
principios del siglo XIX, era un poco mayor que la mano de la persona, pero,
poco a poco, fue aumentando de tamaño.
En el trinquete también se jugaba con guantes de suela, y era
muy raro ver jugar con la mano limpia.
En el juego vasco de pelota más genuino, la pelota a mano, intervienen
dos personajes principales:
El protagonista es, en nuestro caso, la mano, la herramienta
más preciada, aunque la más castigada, de los pelotaris "manistas ",
esa parte del cuerpo humano con la que el hombre es capaz de tocar, coger y
hasta ver las cosas, competir en dureza con un bate o acordar tratados con
diplomacia; en la facultad del pulgar para formar la pinza con el resto de los
dedos, reside la supremacía del hombre como rey de la creación. Durante cuatro
millones de años, la mano humana ha evolucionado hasta convertirse en la
herramienta más perfecta que puede hallarse en la naturaleza.
El antagonista es la pelota, cuya evidente agresividad sobre
cada una de las diferentes estructuras anatómicas que se sitúan entre la piel y
los huesos de la muñeca, mano y dedos, depende de los elementos empleados en su
fabricación, de las proporciones de los mismos, de la tensión del devanado, de
su elasticidad y de su índice de rozamiento o fricción con el suelo.
La lesión más severa y de mayor incidencia de las manos era
la conocida como "mal de manos" o "clavo", considerada como
el mal misterioso de los vascos, atribuida por algunos autores a una lesión en
las articulaciones metacarpo-falángicas. Un estudio con RMN de este tipo de
lesiones ha demostrado en la tesis doctoral defendida en el año 2003 por el Dr.
Barrera en la Universidad de Navarra, la existencia de hematomas encapsulados,
fruto de hemorragias por roturas venosas.
Entre los tratamientos utilizados en el siglo XVIII para la
curación de las lesiones de las manos destacan:
La quietud o el abandono temporal de la práctica deportiva
Buena alimentación
Tundir la mano con una piedra o martillo
Salmuera de liebre con vinagre, sal y ajo
Maniluvios de contraste
Los emplastos
Inmersiones en agua donde se han cocido hierbas maravillosas.
Las ventosas, sanguijuelas y caracoles. Curiosamente, de las
glándulas bucales de las sanguijuelas se obtiene hoy la hirudina, un extracto
acuoso que se emplea en Medicina por sus propiedades anticoagulantes.
Para el tratamiento de los hematomas, los cirujanos barberos
realizaban las sangrías sajando en los espacios interdigitales con el cuchillo
de sangrar. Hoy, en los albores del siglo XXI, es un instrumento quirúrgico que
aún es utilizado por alguna sanadora o algún sasi-mediku.
Tratamiento de la hinchazón de las manos: En 1789 Jorge de la
Faye recomienda:
Pisar la mano
Agua de cal animada con un poco de aguardiente
Sal de amoniaco, disuelta en vino aromático
Lejía de cenizas de sarmiento
Cataplasmas con hojas de sauco, hiezgo o persicaria
En las dos últimas décadas del siglo XIX hay una serie de
hitos que hacen recuperar el prestigio de la pelota vasca como deporte:
La pelota vasca es considerada como un bien cultural vasco
con tres elementos claramente diferenciadores: el núcleo de caucho de la
pelota, la pared del frontis y el juego a blé.
El gran prestigio social alcanzado por los pelotaris.
La reconstrucción del frontón de Zabalbide de Bilbao, el más
antiguo de este género del que se tiene noticia, destruido durante la segunda
guerra carlista.
La inauguración del frontón cerrado de Ategorrieta, bautizado
por Serafín Baroja con el nombre de "Jai-Alai", donde, por primera
vez en la historia, a los espectadores se les cobró una entrada de 20 céntimos
de peseta.
El nacimiento de las primeras revistas especializadas en
pelota vasca: Pelotari, La Chistera y La Pelota en Bilbao, y en Madrid,
Pelotarismo.
La publicación del famoso libro La pelota y los pelotaris,
escrito por el minucioso tratadista de la pelota Antonio Peña y Goñi.
La severa denuncia de la situación de nuestra pelota en el
Cap. VIII de la Historia General del Señorío de Bizcaya, del sacerdote
Estanislao Jaime de Labayru y Goicoechea.
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